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El Hindu Kush, historia y origen de las hashplants

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A la sombra de una hashplant afgana de los 70, un lugar privilegiado en la actualidad. Imagen: Esbe.

 

Este gran sistema montañoso que encontramos en Asia Central no solamente ha dado origen a las plantas de hachís (hashplants) como subespecie, sino a todo el género Cannabis en sí mismo. Los cultivares del Hindu Kush han modificado la historia de la planta desde que se introdujeron por primera vez en los primeros híbridos y la cambiaron para siempre.

La cordillera del Hindu Kush forma parte del gran Nudo del Pamir, una elevada meseta formada por la unión de varios encadenamientos montañosos: Tian Shan, Karakórun, Kunlun e Hindu Kush entre otros.

Se encuentra en el límite entre Asia Central y Asia Meridional y es parte también del sistema montañoso de los Himalayas, un conjunto de cordilleras que abarca 8 países diferentes y engloba las 100 cumbres más elevadas del planeta, con más de 20 picos superando los 8000m.

Mapa donde podemos ver la situación geográfica del Hindu Kush.

Mapa donde podemos ver la situación geográfica de las montañas del Hindu Kush.

Esta amplia región montañosa y árida también se considera el origen geográfico del género Cannabis que, si bien se desconoce con exactitud, siempre se ha situado en esta región montañosa de encuentro entre Europa y Asia. La región del Hindu Kush y el antiguo Turkestán Oriental es el lugar donde se originó la subespecie Cannabis Indica ssp. Afghanica (Vavilov 1924) gracias a la domesticación del hombre, que tradicionalmente la cultivaba y para la extracción de su resina psicoactiva: el hachís.

Decomiso de cargamento de hachís afgano, de Mazari Sharif.

Decomiso de cargamento de hachís afgano, de la legendaria región Mazari Sharif.

Ha sido este uso y concienzuda selección humana durante generaciones lo que ha favorecido a ensalzar esas características tan conocidas de estas plantas del Hindu Kush.

Tengamos en cuenta que normalmente se usa esta palabra de manera errónea para referirse a ciertos híbridos americanos que se han popularizado en los últimos años, pero únicamente los genotipos procedentes del Hindu Kush deberían denominarse así para evitar confusiones.

Esto ha sido aprovechado desde su introducción histórica durante la década de 1970 en los Estados Unidos, pues hasta el momento, solamente se podían encontrar variedades procedentes de la marihuana importada desde países tropicales como Colombia, México, Tailandia, etc. Sin embargo, la mayoría de estas plantas no maduraban a tiempo antes de la llegada de las heladas y el invierno.

Fue en ese punto cuando se introdujo por primera vez genética del Hindu Kush que procedía de los primeros cargamentos de hachís importados por entonces, con esperanzas de poder obtener híbridos que madurasen más rápidamente y fuese posible cosecharlos a tiempo. Aquello marcaría posteriormente un gran punto de inflexión en la historia del cannabis, favorecido también por el florecimiento del cultivo bajo luz artificial.

Afgana Mazari cultivada en California, 1978. Imagen: Angus.

Aspecto de una afgana Mazari cultivada en California, 1978. Imagen: Angus.

Posiblemente las primeras plantas silvestres antecesoras de las subespecies actuales evolucionaron desde la zona del Nudo del Pamir y se extendieron desde las regiones del antiguo Turkestán ruso y chino como Kashgar, Yarkand y Khotan hacia el este y el suroeste, al Hindu Kush y los países circundantes, donde florecería su cultivo y aprovechamiento.

 

Breve historia del hachís: del Turquestán chino al Afganistán actual.

La extracción de la resina de Cannabis y la elaboración de hachís es una técnica ancestral desarrollada en Asia Central. Desde tiempos inmemoriales, los campesinos han aprendido a extraer la resina de esta planta tan importante para muchas culturas.

La principal ventaja del hachís es su pureza y que se trata de un producto mucho más sencillo de almacenar, conservar y transportar con respecto a las flores secas de Cannabis

Si bien el método tradicional manual de frotado de las flores o charas es más antiguo y se sigue practicando en muchos lugares hoy en día (especialmente en la región del Himalaya y Nepal), es el hachís tamizado el que ha cambiado el curso de la historia, logrando convertirse en un producto preciado para la exportación.

Persia:

Ha sido propuesta como el lugar de origen de las técnicas de hachís tamizado. El conocido científico Rafael Mechoulam (1986) cree que el uso psicoactivo del Cannabis con fines chamánicos procede de la tradición zoroástrica originaria de la antigua Persia, que se extendió hacia Asia Central y fue influenciada por el misticismo hindú.

Las leyendas de los asesinos Hashishins y Sheik Hadar (siglos XII-XIII) se consideran las primeras historias escritas acerca del descubrimiento de las cualidades embriagantes de la planta, así como del uso del hachís. Desgraciadamente, hay pocas evidencias de que las historias del monje sufí o los asesinos cometiendo atrocidades bajo los efectos del hachís fuesen ciertas.

Sin embargo, nos sirven para documentar el conocimiento de la planta y del hachís en esa época a lo largo de las regiones de Arabia, Persia y el Oriente Medio.

Se dice que el conocimiento del hachís se extendió hacia Asia Central (Afganistán principalmente) a la par que lo hizo hacia Oriente Medio, llegando hasta Líbano, Turquía e incluso Grecia. En todos ellos floreció la economía del hachís durante aquellos años.

Turkestan:

El cultivo y la producción de hachís en el Turquestán chino tenía lugar en las laderas de las montañas Chung-Kyr.

El hachís de Bukhara en el Turquestán ruso (actual Uzbekistán) era considerado uno de los mejores a principios del siglo XIX. Generalmente era enviado al sur hacia Kabul, a través de Mazari Shariff y también hacia Peshawar, en Pakistán. Rutas alternativas pasaban por el valle de Chitral conectando Peshawar con Yarkand (en el Turquestán chino).

Chopra (1957) describió el proceso de extracción de hachís mediante tamizado en el Turquestán chino. Generalmente, tras la cosecha de las plantas y su secado, las flores secas se separaban manualmente y se tamizaban. Tras el almacenado del polvo de resina en bolsas de piel, estas eran golpeadas con bates de madera durante días calurosos para aglutinar la resina, disminuyendo su volumen y permitiendo un almacenamiento y transporte mucho más cómodos y eficientes.

A mediados de 1860, con la expansión soviética en el Turquestán, la producción de hachís en Bukhara se resintió y se trasladó fundamentalmente a Yarkand, que se convirtió en el principal exportador de hachís de calidad hacia la India (actual provincia de Xingjian, al oeste de China). A pesar de que en Nepal y Cachemira se producía hachís igualmente, nunca ocurría en cantidades suficientes como para ser exportadas.

Durante la colonización rusa del Turkestán se enfatizó la producción agrícola del algodón, desaconsejando los cultivos diversos domésticos que incluían otras plantas de interés para la economía doméstica como el Cannabis. Miles de turcos y uzbecos musulmanes cruzaron la frontera del Turkestán para regresar con sus familias en Afganistán. Estas etnias son las que habitan el norte del país mayoritariamente. Sin embargo, son los pastunes de origen persa los que controlan el país, las mayores granjas y el comercio del hachís en general.

En 1934, sin embargo, el gobierno chino puso fin a la exportación del legendario hachís de Yarkand, por lo que Afganistán aprovechó esta oportuidad del mercado para florecer hasta que la India comenzó a importarlo desde Cachemira en 1945.

Afganistan:

Contrastes paisajísticos en Afganistán. Imagen: Samuel Morse

Contrastes paisajísticos en Afganistán. Imagen: Samuel Morse

Este país posee la cultura del hachís más antigua todavía en existencia. Muy posiblemente, originada en los rituales persas o escitas alrededor de la planta, sin embargo, la falta de documentación al respecto nos deja un mar de dudas al respecto.

El folclore atribuye la introducción del Cannabis, así como las técnicas de elaboración del hachís en Afganistán a Baba Ku, un sanador y maestro espiritual procedente de Samarkanda o Bukhara en el antiguo Turkestán ruso, que viajaría hacia el sur hasta llegar a las montañas del norte de Afganistán. Dice la leyenda que Baba Ku llegaba por los campos curando a las víctimas de la plaga gracias a sus “pequeñas y pegajosas píldoras”, lo que bien podrían ser pequeñas bolas de hachís extraído al estilo charas (frotando las plantas con las manos para extraer la resina pegajosa de las flores maduras).

A pesar de que estas viejas historias son difíciles de trazar, nos permiten hacernos una idea acerca de la antigüedad de la cultura del hachís en Afganistán. Desde los tiempos de Baba Ku, el charas frotado a mano ha sido empleado como medicina en el país, aunque la mayoría del hachís se elabora mediante la técnica del tamizado en seco.

Muchos consideran el hachís elaborado con las técnicas de la vieja escuela como en más fino y de mayor potencia jamás encontrado, cuyos aromas y claridad de efecto eran difíciles de alcanzar. Sin embargo, con la llegada de los occidentales, las técnicas de tamizado se han refinado.

En la década de los 60, el hachís de mayor calidad procedía de las antiguas regiones de Balk y Mazari Sharif al norte de Afganistán. Esto ocurría probablemente debido a su cercanía con la ciudad de de Bukhara, al sur de Uzbekistán, bien conocida por su hachís.

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Mezquitas ancestrales de Bukhara, Uzbekistán.

Los maestros de Bukhara que emigraron a Afganistán fueron sin duda una gran influencia en esta cultura de la planta. A pesar de que la mayoría cultivaban Cannabis como complemento a otros cultivos, algunos se especializaron durante todo el año en el cultivo y la producción de hachís, alcanzando una gran maestría y calidad en el mismo.

Con los años, las técnicas y el cultivo de la planta se extendieron hacia las regiones más áridas del país, hacia Pakistán e Irán. Gracias al desarrollo de la agricultura del cannabis en Afganistán, se alcanzó una altísima especialización en la producción de resina de Cannabis y el país terminó por convertirse en uno de los mayores productores del mundo.

La cultura del hachís:

Posiblemente las plantas y los métodos de cultivo y extracción locales se fueron extendiendo por todas las regiones vecinas de manos de los campesinos y comerciantes que veían en este cultivo una nueva forma de subsistir. Las plantas se fueron también adaptando a las exigencias de los campesinos y a las condiciones de cultivo tan particulares.

Afganistán y Pakistán han sido tradicionalmente los productores más importantes de hachís a nivel global, sin embargo, otros países vecinos como Uzbekistán, Kazajstán, Kirguistán, Turkmenistán o incluso Irán también cultivan Cannabis, produciendo y exportando resina a menor escala. Con la incorporación de algunos países del Medio Oeste (Líbano) y África Subsahariana (Marruecos), acaparan prácticamente la totalidad de la producción y el mercado global de este producto.

Esto se puede observar claramente en el siguiente gráfico que muestra los principales productores mundiales de hachís (World Drug Report, https://www.unodc.org):

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El hachís se elabora tradicionalmente, según el método afgano, mediante el sacudido de las plantas previamente secadas al sol y su posterior tamizado a través de distintos materiales, obteniendo así una especie de polvo grumoso que se conoce como garda y que está formado por un conglomerado de cabezas de resina procedentes de los tricomas secos del Cannabis.

Se suelen llevar a cabo varios tamizados consecutivos, originando de este modo varias calidades de garda distintas (primera, segunda y tercera) para su posterior venta. La primera garda contiene mayor pureza y cantidad de resina, por esto es más cotizada y alcanza mayores precios de mercado. Las otras contienen normalmente una concentración superior de restos vegetales, lo que le da una menor pureza.

Según las estadísticas del UNODC, se produce menor cantidad de garda en los cultivos situados al norte y noroeste de Afganistán (Mazari Sharif y Bhalk), aunque esta tiene una calidad bastante superior a la producida en otras regiones centrales, del este o del sur de Afganistán (Kandahar, Kabul, Logar, Nimroz, Herat o Farah). Esto se ve reflejado en los precios de venta, que alcanzan 96$/kg para la garda de primera procedente del norte o noreste del país, frente a los 66$/kg de la procedente de otras regiones (según estadísticas de la UNODC del 2013).

Posiblemente este hecho tenga que ver con las condiciones, peculiaridades del cultivo o variedades cultivadas tradicionalmente en las zonas más montañosas con respecto a los valles. Otro dato curioso es que en las regiones del sur se cosecha ligeramente más tarde, en noviembre, mientras que en las regiones norteñas lo hacen varias semanas antes, principalmente a la llegada de octubre.

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Campesinos afganos tamizando al modo tradicional.

Este tamizado en seco es la manera de extracción de resina tradicional afgana y se considera también la mejor forma de extracción en cuanto al grado de pureza que se puede alcanzar mediante la utilización de mallas diferentes tramas, que solamente permitan que las cabezas de los tricomas que contienen los compuestos químicos de la planta pasen a través de la malla. También por su sencillez y su fidelidad, pues la resina se conserva lo más intacta posible, al contrario que en otros métodos de extracción como el tamizado con agua/hielo, uso de solventes, presión, etc.

El método ha sido popularizado en todo el mundo y posteriormente exportado a la mayoría de países productores de hachís, incluyendo otro gigante de la industria actual: Marruecos. Se dice que ya a partir de los años 1960 comenzaron a llegar los primeros viajeros e hippies que se instalaron allí en busca de un retiro espiritual, hachís de calidad y tranquilidad. Fueron ellos quienes introdujeron las técnicas de elaboración tradicionales afganas entre los campesinos marroquís.

A diferencia de estas regiones donde se tamiza en seco, en los Himalayas e Himachal Pradesh (Nepal y el Norte de la India fundamentalmente) el hachís se elabora manualmente según la forma ancestral. La técnica es bastante peculiar, pues se lleva a cabo con las plantas totalmente frescas (sin secar previamente), pasando la mano por diferentes flores de manera sucesiva, frotándolas y luego raspando, apelmazando y prensado la resina que se queda pegada a la piel. De esta manera, se pueden formar aglomeraciones de resina moldeable, conocida como charas.

El hachís que se obtiene de esta forma es muy aromático, aunque de peor calidad que el tamizado afgano, pakistaní o marroquí de primera clase. Esto sucede porque tiene una pureza bastante inferior por contener más restos vegetales de la planta, hojas, pistilos, etc.

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Jóvenes elaborando charas en una ladera de Malana, Norte de la India. Imagen: Deeraj N.

 

El Cannabis en Afganistán y la expansión de su subespecie afghanica.

Hay cierto elitismo entre los fumadores de hachís acerca de su particular preferencia por la resina tradicional afgana. Esto está justificado en cierto modo, pues ya desde principios de los años 70, su calidad y particularidades eran difícilmente alcanzadas por el hachís procedente de cualquier otra región.

Esta preferencia tiene una razón de ser, pues este hachís que los viajeros de la ruta del hachís podían encontrar durante esos años se elaboraba con un tipo de plantas muy particular, lo que hoy conocemos como la subespecie afghanica del C. indica. Los distintivos aromas terrosos de estas variedades eran preferidos por muchos fumadores. Algunos de los cuales afirmaban que estas cualidades venían de culturas ancestrales que seguían las tradiciones de Baba Ku.

El primer botánico en documentar esta especie fue el ruso Vavilov, que recogió varios especímenes durante sus viajes por el valle del rio Kunar, al este de Afganistán. Estos especímenes contrastaban con los recogidos en otras regiones. En el año 1929 Vavilov reportaba junto a su colega Bukinich acerca de la presencia de biotipos de hoja fina (C. indica ssp. indica) en las inmediaciones de Herat y Faizabad, al norte de Afganistán.

En sus viajes encontraron plantas de aspecto silvestre, aparentemente sin domesticar, con semillas moteadas y de pequeño tamaño para facilitar su dispersión. Vavilov supuso que se trataba de un ancestro o biotipo feral (silvestre) de la especie descrita como C. indica, de modo que la nombró Cannabis indica ssp. kafiristanica.

Asimismo, caracterizó una segunda especie de plantas encontradas en Afganistán, caracterizadas por su estructura compacta, hojas con foliolos anchos y color verde oscuro. Este biotipo fue asignado como la subespecie Cannabis indica ssp. afghanica. Hablaremos más detalladamente acerca de la taxonomía y especiación del género Cannabis en un próximo artículo.

Las semillas de estas plantas encontradas al norte eran grandes en tamaño y con patrones homogéneos y tonalidades claras en su pericarpo (la cáscara de una semilla de Cannabis, que es un tipo particular de aquenio). Mientras que las semillas recogidas en los campos de hachís durante los años 80 y principios de los 90 eran también grandes, pero tenían patrones moteados y más variados en su pericarpo.

Las observaciones de Vavilov son importantes porque indican que la subespecie afghanica todavía no era cultivada para la extracción de hachís en las regiones del norte, aunque es posible que estuviese ya extendida por otros lugares. Por otro lado, sitúa la presencia de esta subespecie a lo largo del valle del río Kunar, hacia el oeste hasta Kandahar y el norte hasta Mazari Sharif; justamente las regiones propias de campesinos musulmanes del Turquestán y afganos de origen persa.

Entonces, ¿cómo surgió la subespecie afghanica y pasó a dominar los cultivos para hachís? Dado que, hasta el declive del hachís de Turquestán, la resina se elaboraba exclusivamente a partir de biotipos de hoja fina (nombrada C. Sativa por Vavilov, aunque hoy sabemos que se trataba de la misma subespecie C. indica ssp indica que crece por los Himalayas).

Las evidencias históricas indican que la subespecie afghanica que hoy conocemos como arquetipo de hashplant del Hindu Kush fue domesticada recientemente para la producción de hachís, posiblemente a través de la hibridación con viejos cultivares de hoja fina (C. indica ssp. indica) procedentes de los cultivos tradicionales del norte. Sin embargo, hasta los años 30, los biotipos de hoja ancha solo se encontraban en su forma silvestre, principalmente a lo largo del valle del Kunar (actual valle del río Chitral) y no en los cultivos de hachís al norte del país.

Tras la crisis del hachís del Turquestán chino, los campesinos emigraron hacia el sur y el este, transcurriendo por el valle Kunar o Chitral y la frontera afgano-pakistaní hasta llegar a Mazari Sharif. Durante sus viajes, posiblemente adquirieron semillas de los biotipos de hoja ancha de la región, y estas terminaron hibridándose con los biotipos de hoja fina que los granjeros y refugiados seguían cultivando en el país.

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Antiguas rutas de hachís entre Turquestán, Afganistán y la India. Imagen: Hashish! R. Clarke.

A pesar de que Vavilov no encontró en sus viajes plantas de hoja ancha en los cultivos domésticos de hachís, a partir de los años 60 y 70 estas sustituyeron gradualmente a los cultivares tradicionales de hachís de hoja fina de toda la región.

Sam Skunkman, de Hortapharm BV, anotaba que durante sus viajes por Kandahar en 1971 solamente observó plantas de hojas anchas en los cultivos. Más tarde en 1972, observaría como algunas plantas de hojas finas crecían por las cunetas y zanjas, mientras que los cultivos domésticos eran dominados mayoritariamente por plantas de hoja ancha.

En 1974, el botánico Robert E. Schultes encuentra y describe también sus especímenes de C. indica como plantas muy ramificadas, de foliolos anchos de un color verde oscuro y olor acre.

Existen fotografías aéreas de los campos de la región de finales de los años 70, en donde observamos como las plantas estaban bien espaciadas, hasta 5 metros entre cada una. Estas condiciones favorecieron los rasgos característicos de las plantas afganas, con tallos fuertes y anchos, altura moderada y ramificación profusa. La temporada corta y de clima seco limitaba el desarrollo vertical de la planta, mientras que las condiciones soleadas y áridas favorecían un abundante desarrollo axial de la misma (crecimiento horizontal y ramificación).

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Richard Schultes examinando unos especímenes de C. indica ssp. afghanica durante una de sus expediciones. Podemos observar el espaciado del cultivo. Imagen: Neil Schultes.

Estas plantas pasaron a definir la subespecie afghanica descrita anteriormente por Vavilov, y lo que todos conocemos como las hashplants tradicionales empleadas para la elaboración de hachís tamizado en todo Afganistán, norte de Pakistán y Chachemira.

A partir de los años 70, debido a la gran demanda global de hachís para ser exportado, la mayoría del país favoreció al cultivo de los biotipos de hoja ancha, mucho más productivos en cuanto a su resina. Esto hizo que su cultivo se expandiese por todo Afganistán y alrededores, pues a pesar de la posible inferior calidad del hachís producido con los nuevos híbridos de las variedades tradicionales afganas, este alcanzaba precios tan altos como el hachís tradicional elaborado con variedades de hojas finas en el antiguo Turquestán.

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Campo moderno en Afganistán, donde podemos observar el tipo de plantas predominantes.

Características de los biotipos Kush:

Las subespecies y landraces tradicionales del Hindu Kush están bien adaptadas a las condiciones de cultivo de su región de origen y, especialmente, al destino y aprovechamiento que se les ha dado tradicionalmente.

Son plantas bien adaptadas a la sequía y al clima árido en el que viven. Tienen generalmente una estructura achaparrada y columnar debido a su particular ramificación, las ramas laterales en algunos casos suelen crecer en ángulos muy cerrados con respecto al tallo principal, contribuyendo a ese aspecto compacto, aunque con espacio tienden a ramificar bastante.

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Impresionante planta originaria de Mazar cultivada en Humbold, 1979. Imagen: Angus.

Tienen además poca distancia internodal, lo que contribuye exagerar todavía más su apariencia. Sus tallos son muy gruesos, poco flexibles y generalmente huecos, mientras que las hojas son muy carnosas, de foliolos anchos y coriáceas, a menudo brillantes y satinadas por su haz y de tonos más oscuros que otras plantas, especialmente los biotipos tropicales de C. indica.

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Hashplant de Uzbekistán. Imagen: CBG.

Crecen compactas y achaparradas, con flores densas y de estructura muy cerrada. Las inflorescencias están formadas por cálices o brácteas florales generalmente de gran tamaño y muy resinosas; aunque con una relación cáliz/hoja bastante baja, algo comprensible pues para elaborar hachís es indiferente el tamaño y rendimiento de las flores. Solamente es necesario que la planta esté cubierta por la mayor cantidad de resina posible, ya sean las sean inflorescencias, tallos, hojas o cualquier otra parte.

Podemos encontrar abundantes tricomas no solamente en los cálices, sino también en todas las hojas circundantes o incluso el envés y peciolos de las mismas. Esta característica junto con el gran tamaño de las cabezas de los tricomas glandulares y su facilidad para despegarse resulta más conveniente, ya que proporciona una gran cantidad de resina aprovechable con la que poder obtener un buen rendimiento para la elaboración del hachís. Esto marca una clara diferencia entre este tipo de hashplants clásicas y las tradicionalmente usadas para la “sinsemilla” (ganja).

Todos estos rasgos son fruto del trabajo de selección y mejora vegetal de los granjeros tradicionales afganos, que normalmente guardan semillas de las plantas más adecuadas para su aprovechamiento (principalmente con mayor cantidad de resina y con mejor ramificación, lo que también influye directamente sobre la cosecha final).

Se puede ver perfectamente el trabajo de selección realizado por el hombre con ellas, para una óptima cosecha y magnificar su producción de su resina. Esto ha originado en las plantas flores y hojas totalmente cubiertas de tricomas brillantes como si estuviesen rebozadas en azúcar. A veces muestran formas caprichosas y se retuercen sobre sí mismas.

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Impresionante cobertura de tricomas en esta afgana de 1979. Imagen: Raco.

Estas peculiaridades las hacen sin duda muy diferentes a los biotipos procedentes de climas tropicales, con flores mucho menos densas para facilitar la circulación del aire a través de las mismas y evitar la condensación. La estructura de las plantas de hachís tradicionales también las convierte en variedades muy susceptible a la humedad ambiental, lluvias y a la aparición de posibles hongos en las flores cuando no hay suficiente ventilación y queda retenida humedad en su interior (especialmente la Botrytis Cinerea), pudiendo llegar a comprometer por completo la mayor parte de la cosecha.

Evidentemente, estas son plantas que proceden y están bien adaptadas a un clima árido, casi desértico, con escasas precipitaciones y altas temperaturas. Por ello no están adaptadas para soportar la humedad y mucho menos las lluvias durante el momento crucial de su floración y cosecha.

Esto es un rasgo que desgraciadamente, se ha transmitido a todas las variedades modernas que tienen genes Hindu Kush, Skunk, Mazar o Northern Lights en su linaje, todas bien presentes de un modo u otro en prácticamente la totalidad de híbridos comerciales modernos.

Por su latitud y climatología de origen, también son plantas de maduración bastante rápida con respecto a las variedades y biotipos procedentes de latitudes tropicales, que disponen de un verano largo y no han de madurar irremediablemente antes de la llegada de las fatales heladas.

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A pesar de todo, las hashplants pueden ser más rústicas de lo que parece, como estas plantas asilvestradas en una cuneta de Pakistán.

Son plantas de crecimiento más contenido que las líneas tropicales, por lo que desarrollan un sistema radicular menos vigoroso y desde que maduran sexualmente y comienzan a florecer, su crecimiento prácticamente se detiene. Por esto necesitan mucho espacio para desarrollar raíces grandes y producir un crecimiento adecuado y un buen rendimiento de flores. No obstante, sus flores generalmente tienen una carnosidad y densidad muy superior, lo que hace que la cosecha final sea bastante equiparable. Además, su destino es la producción de resina, no una gran cantidad de flores secas de calidad como en el caso de las plantas tropicales.

Muy comúnmente muestran coloraciones púrpuras en las flores, cálices, hojas y venaciones de las mismas, algo especialmente notable a medida que la planta madura y con bajas temperaturas. En este momento, algunas plantas se vuelven prácticamente negras debido a la presencia de diversos pigmentos vegetales como flavonoides o antocianinas, que hacen su aparición a medida que la clorofila de las hojas se va degradando y aparecen carencias nutricionales.

NL#5 tomando tonalidades púrpuras, un híbrido clásico con savia afgana de los 70.

Otra característica muy notable es su maduración relativamente temprana, debido a la latitud y regiones subtropicales de las que proceden, en donde una maduración tardía comprometería la cosecha con la llegada de posibles heladas. Esto las ha convertido en un material genético muy interesante para la realización de híbridos con otras tropicales de floración más tardía.

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Aspecto de varias afganas con menos de 6 semanas floreciendo, la rapidez es notable.

Esto ha sido fundamentalmente lo que se ha hecho tras su introducción en los cultivos occidentales en la década de los 70. Las plantas Kush han aportado grandes cantidades de resina (y por ende potencia también), así como mejores estructuras y tiempos de cosecha para su cultivo en interior. Sin embargo, también han transmitido otras cualidades a todos estos híbridos, como por ejemplo su elevada sensibilidad a los hongos y su efecto sedante o narcótico, que difícilmente se puede obviar en sus híbridos.

El legado Kush:

Las variedades tradicionales del Hindu Kush tienen todas estas características de las que hemos hablado presentes y bien marcadas. Sin embargo y por desgracia, muchas de estas variedades antiguas están ya extintas o en su defecto hibridadas, de modo que han desaparecido incluso en sus propios lugares de origen.

Esto es especialmente cierto con el viejo arquetipo de landrace afgana, la planta tradicional de hachís que se originó en los valles del Hindu Kush durante el esplendor de la cultura del hachís.

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Las viejas hashplants de hoja ancha tienen una estructura inconfundible.

La guerra de Afganistán (1979-1992) tuvo terribles consecuencias económicas y sociales en la región, que también influyeron sobre los campesinos, la economía local en torno a la floreciente exportación de hachís y en la pérdida de las líneas tradicionales de todos esos países. Además del posible impacto sobre el Cannabis, la guerra y otros factores han favorecido enormemente al cultivo de la adormidera o amapola del opio (Papaver somniferum).

Este cultivo, a pesar de su mayor precio de mercado, tiene una rentabilidad final similar al Cannabis para los granjeros. Sin embargo, está más extendido por varias razones: el Cannabis solamente se puede cultivar en verano, tiene un ciclo de crecimiento mucho más largo, demanda mayor cantidad de agua y además compite con los cultivos de grano y alimento necesarios para la subsistencia local, ocupando los campos durante meses cruciales para el aprovechamiento de la tierra.

Dicen los expertos que, tras el conflicto entre soviéticos y afganos, la diversidad genética del Hindu Kush nunca ha vuelto a ser la misma y se perdieron irremediablemente muchas variedades tradicionales propias de regiones remotas en el conflicto, introduciendo otras procedentes de regiones vecinas y contaminando la pureza de las tradicionales, que hasta entonces mostraban una gran diversidad, pues en cada valle o pueblo se podía encontrar una variedad diferente. Esto nos recuerda que las variedades tradicionales de hachís o del Kush son plantas que merece la pena estudiar y conservar por su interés para el futuro y también por el papel histórico que han jugado en el cannabis moderno y su influencia en el mismo.

Desgraciadamente y como ya hemos observado anteriormente, esto ha ocurrido también en otros países que producían Cannabis tradicionalmente por diversas razones. No obstante, posiblemente debido a lo remoto de sus tierras y sus constantes conflictos, Afganistán sigue mostrando una gran diversidad como muestra este cuadro del Afghanistan Cannabis Survey of 2009 de la UNODC, aunque ya se observa un abandono de cultivares tradicionales entre el 2009 y 2010:

Productores mundiales de hachís (UNODC 2009).

Variedades cultivadas en Afganistan en 2009 y 2010 según la UNODC.

Hay vida (y hashplants) fuera de Afganistán:

Pakistán es otro de los países que, junto con Afganistán, se encuentran a los pies de la cadena montañosa del Hindu Kush. También se trata de una región muy activa en el cultivo del Cannabis y la producción de hachís. Esto es especialmente cierto en la región de valle Chitral (antiguo valle Kunar) o el valle de Tirah, cerca del paso Khaiber.

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Valle del Río Chitral, anteriormente conocido como Kunar. Pakistán.

Este paso montañoso conecta Pakistán con Afganistán y ya formó parte de la Ruta de la Seda en la antigüedad, así como también de la ruta Hippie de los años 70 (una ruta que generalmente partía desde Inglaterra, hacia la India y otros países de Asia, haciendo escala en los puntos más importantes del momento).

Durante esta década muchos viajeros terminaban en la cuna del hachís, atravesando Peshawar, Karachi y Lahore en Pakistán antes de cruzar el paso Khaiber hacia Afganistán y Kabul, considerado por muchos como el lugar de donde procedía el mejor hachís del mundo.

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Planta de Yarkhun (Pakistán) recogida por nuestro viejo amigo Mriko.

En aquella época, muchos jóvenes inconformistas trataron de alejarse del estilo de vida actual, escapándose a lugares exóticos para encontrar otros jóvenes con estilos de vida similares, hacer un viaje espiritual o simplemente ir tras la pista del hachís o la hierba más legendaria que pudiesen encontrar.

Muchos de estos viajeros de la ruta del hachís, volvieron a sus casas con un puñado de semillas exóticas. Estas mismas semillas originarían la mayoría de variedades modernas en los Estados Unidos.

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Cultivo de hasplants en California a finales de los 70. Imagen: Angus.

Se dice que el colectivo BOEL (Brotherhood of Eternal Love) tenía una base de operaciones y una granja en una zona remota del Hindu Kush, desde donde exportaban hachís a los Estados Unidos. De allí salieron muchas de las primeras plantas de hachís introducidas en el mundo occidental, que aún hoy en día podemos encontrar mezcladas con los híbridos modernos.

Hay otra serie de países que, aunque no se encuentren estrictamente incluidos en la zona geográfica de las montañas Hindu Kush, también son regiones bien conocidas por su hachís.

En estos lugares también podemos encontrar cultivos tradicionales de Cannabis destinados a la extracción de su resina. En muchos de ellos encontramos igualmente variedades criollas locales singulares, que contrastan con las más conocidas afganas o pakistanís.

Entre ellos podríamos destacar Uzbekistán, un país que también formaba parte tanto de la Ruta de la Seda como el Hippie Trail.  Igualmente Irán, Tayikistán, Cachemira o incluso el antiguo Turkestán Oriental (actual Xinjiang chino) son lugares donde también era tradicional cierto comercio y consumo de hachís.

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Hashplant de Laspur (Pakistán), también recogida por Mriko (Collective Vibes).

Diferentes quimiotipos:

El efecto psicoactivo de las plantas del Hindu Kush generalmente provoca una gran relajación a nivel físico/muscular, con frecuencia resulta sedante hasta el punto de actuar como un somnífero. Esto se debe a la presencia de diferentes terpenos y algunos fitocannabinoides que contiene y las hacen diferentes en su bioquímica de las plantas de origen tropical habitualmente usadas para la producción de ganja sinsemilla.

En el caso de las plantas de hachís, cientos de ellas se cosechan y procesan juntas en grandes lotes para la extracción conjunta de su resina, se trata por tanto de líneas que nunca han sido seleccionadas o evaluadas de forma individual para el consumo de sus flores. Solamente se espera de ellas que produzcan mucha resina para proporcionar una buena cosecha de hachís.

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Aspecto de un híbrido moderno, apariencia claramente dominada por las hashplants de su linaje.

Contrariamente, en el caso de las plantas tropicales son sus flores las que se consumen o utilizan individualmente, por lo que se buscan unos mínimos de calidad de efectos, cualidades o aromas en cada una de ellas por separado. Una planta que no cumpliese los mínimos destacaría sobre el resto y sería descartada, pero en el caso del hachís toda la resina tiene cabida y resulta en un producto final procedente de cientos de plantas distintas.

Es la diferencia entre los criterios seguidos en la selección de las plantas y como ello ha favorecido la separación en dos subespecies totalmente distintas. Esta es también la razón por la que encontramos mayor variabilidad de quimiotipos entre las plantas de hachís o incluso presencia de fitocannabinoides poco abundantes en variedades muy seleccionadas para la psicoactividad de sus flores, como por ejemplo el caso del Cannabidiol (CBD).

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Pakistaní de los 80 procedente también de California. Se han encontrado trazas de CBD en esta línea. Imagen: Raco.

Estos compuestos están ahí porque nunca se han descartado exhaustivamente esas plantas de efectos no deseados desde el punto de vista psicoactivo, como sí ha ocurrido con las plantas procedentes de países con una cultura de ganja sinsemilla bien arraigada, como Tailandia, Malawi, Kerala, México o mismo los híbridos comerciales modernos por poner varios ejemplos.

Tradicionalmente se han guardado semillas las plantas más psicoactivas y de mejores efectos. Del mismo modo que un alto contenido en Tetrahidrocannabinol (THC) ha sido el criterio imperante en la selección moderna sobre cualquier otro compuesto. Esto ha favorecido a que la mayoría de los quimiotipos encontrados en las plantas disponibles tengan estas características. A veces, llegando al punto de provocar claros desequilibrios en lo que se podría considerar un efecto agradable o deseable, pues la gran cantidad de plantas con concentraciones extremas de THC pero un efecto poco equilibrado, nos permiten hacernos una idea del camino equivocado que ha tomado la mejora vegetal de la planta durante estas últimas décadas desde su prohibición.

Para terminar, podemos concluir que las plantas de hachís (C. indica ssp. afghanica) evolucionaron siguiendo los criterios cuantitativos que demandaba la producción de resina a gran escala, en contraste con la excelencia cualitativa (potencia, efecto, homogeneidad) que podemos atribuir a las plantas tradicionales de ganja (C. indica ssp. indica), donde una mala hembra podía poner la calidad de una partida, variedad o la reputación del productor en entredicho.

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Algunas hashplants bien podrían haber sido seleccionadas por criterios estéticos, como la PCK. Imagen: CBG.

Otra anécdota interesante es que estos cultivares del Hindu Kush tampoco han sido sometidos a tanta presión en la eliminación de los machos, por lo que no se observa en ellos un porcentaje significativo de intersexualidad.

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Formidable ejemplar macho de Pakistan Chitral Kush. Imagen: Nspecta.

Esto es justamente lo opuesto a lo que sucede con muchas líneas tropicales cultivadas durante generaciones para producir Cannabis sinsemilla, que se han visto obligadas a sobrevivir por décadas prácticamente desprovistas de plantas macho.

En fin, una vez más, conocer el origen y la historia del Cannabis nos ayudará a comprender mejor la planta y su utilidad para el hombre, así como el origen de los cultivares modernos y sus características.

 

 el Cannasseur 2015

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The Afghanistan Cannabis survey report 2010 – United Nations on Drug and Crime.

Marijuana Botany. Robert C. Clarke.

Hashish!. Robert C. Clarke.

The Great Books of Hashish. Laurence Cherniak.

 

 

El Cannasseur

Divulgador, investigador y fotógrafo.

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