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Las legendarias criollas Colombianas

Panorámica de los cerros colombianos.

Panorámica de los cerros colombianos.

Las líneas criollas tradicionales Colombianas han jugado un papel fundamental en la historia del Cannabis psicoactivo, desde las grandes exportaciones de marihuana a los Estados Unidos durante los años 60-70, hasta su legado que permanece en las variedades modernas a través de híbridos tan omnipresentes como Haze o Skunk#1.

Colombia es el primer país que nos encontramos tras atravesar el Istmo de Panamá, que une Centroamérica con las vastas tierras de América del Sur. Se encuentra atravesada por la línea del Ecuador, en pleno eje tropical del planeta. Es un país de vegetación exuberante y gran diversidad geográfica, ya que podemos encontrar en él desde cadenas montañosas cercanas a los 3000m de altitud (Bogotá o Cundinamarca) hasta extensas selvas tropicales o zonas prácticamente desérticas.

Estas particularidades en su orografía favorecen a la existencia de muchos territorios aislados y diferentes microclimas en sus montañas, con nichos muy concretos que han contribuído a originar una gran diversidad de ecotipos diferentes de Cannabis.

Diversidad en las laderas colombianas.

Existe una gran diversidad en las laderas colombianas. Imagen: CBG.


Antecedentes históricos de uso y orígenes. África en Colombia:

Los primeros registros por parte del gobierno acerca de la existencia de cultivos de la planta en Colombia datan de 1925. Su consumo estaba bien extendido entonces entre marineros, estibadores y prostitutas, por lo que era común su presencia en los bajos fondos. Sin embargo, no existe demasiada información anterior a estas fechas. Esto se debe a que solamente a partir de los años 30 la DEA -la agencia anti-droga de los Estados Unidos- comienza a perseguirla activamente y a presionar a los gobiernos de México y Colombia. Es entonces cuando el gobierno comienza a fiscalizar y prestar más atención a la planta y a los cultivos domésticos.

Durante los años 30 y 40 se recogen numerosos testimonios de su uso y algunos delitos menores relacionados con el cultivo y la venta de marihuana en la región de Barranquilla. Incluso un informe norteamericano de 1945 relata como el barco mexicano “Hidalgo” había hecho tres viajes a tierras colombianas cargado de gran candidad de marihuana y semillas para su plantación. La venta de la misma florecía en los burdeles y se documenta su comercio a través de taxistas y otros vendedores en las regiones de Cartagena, Santa Marta y Fundación.

A partir de los años 50 se experimenta un aumento del consumo doméstico y Santa Marta se convierte en un importante centro de producción y exportación de marihuana hacia Florida, el contrabando generalmente tenía lugar en los barcos de transporte de banano.

Desde los años 60 en adelante comienzan las intervenciones internacionales y tanto la DEA como la Interpol presentan varios informes tratando el preocupante incremento del cultivo y la producción a lo largo de las regiones montañosas del Valle del Cauca, Antioquia, Caldas, Cali, Valle, Manizales, Tolima, etc. La exportación y la demanda norteamericana favorecieron a la extensión imparable de los cultivos a lo largo de todo el país.

Mapa de Colombia donde podemos localizar los principales departamentos y regiones productoras de “bareta”. Imagen: Wiki-Commons.

Es comunmente aceptado que la planta pudo haber sido introducida desde las vecinas islas caribeñas, a donde a su vez arribó gracias a los trabajadores hindúes que habían sido trasladados tras la abolición de la esclavitud en el s. XIX. Desde entonces, la planta estuvo muy presente en Jamaica y se extendió fácilmente por todo el archipiélago de las Antillas y la región del Caribe.

Sin embargo, también se baraja la opción de que el país haya recibido importantes aportaciones genéticas de diferentes lugares, especialmente África, pues ya desde el siglo XVI comenzaron a llegar miles de esclavos africanos a las costas caribeñas, hacinados en barcos en condiciones inhumanas.

 

Barco negrero

Antiguo lienzo que muestra la organización del espacio en un barco negrero.

Este flujo de gentes aumentó a partir de 1530, cuando los funcionarios de la Corona Española se instalaron en las colonias del Nuevo Mundo. Para entonces y hasta 1580 aproximadamente, Cartagena de Indias se había convertido en uno de los principales puertos negreros de toda la América hispánica, aunque también existía un comercio extraoficial abundante en forma de contrabando de esclavos.

rutas esclavos

Gráfico con las principales rutas de esclavos africanos al Nuevo Mundo.

Si estudiamos un poco la etnografía y antropología de Colombia, encontraremos importantes poblaciones de origen africano en dos zonas principales:  la región caribeña (Guajira, Magdalena, Bolívar, Antioquía, Córdoba)  y también la costa pacífica (principalmente la región del Chocó y las zonas costeras del Valle del Cauca o Nariño).

Los primeros esclavos africanos llegados a Colombia entre 1553 y 1580 procedían de la costa de Guinea, eran los guineas o mandingos. Posteriormente lo hicieron las gentes yolofo, que procedían de la región situada entre los ríos Gambia y Senegal.

XVII

Procedencia de esclavos africanos durante los siglos XV-XVII.

Entre 1580 y 1640 con el desplazamiento de als colonias portuguesas hacia el sur de África y el antiguo Reino del Kongo, fueron las etnias bantúes como los congos, luangos, anzicos y angolas los que fueron enviados a Cartagena. Continuaron llegando también esclavos diferentes procedentes del antiguo reino Dahomey, conocidos como ararás o jojóes.

Procedencia de los esclavos durante el siglo XVIII

Procedencia de los esclavos durante el siglo XVIII

El historiador Nicolás del Castillo afirma que sulamente durante los 60 años ocurridos entre 1580 y 1640, el número de esclavos introducidos por Cartagena sumó un total de 169.371. Tras la Guerra de Portugal el tráfico de esclavos se paralizó y fueron los holandeses los que pasaron a ocuparse del contrabando, proporcionando principalmente trabajadores procedentes de sus colonias en Curaçao.

Durante esos tiempos comenzaron también los trabajos de las minas de oro de Chocó por lo que la demanda de trabajadores era muy alta.

Chocó

Aspecto actual de las minas del Chocó, no han cambiando mucho desde siglos pasados.

Durante el siglo XVIII fueron los akanios y ashanties de Ghana (llamados minas) y los yorubas de Nigeria (conocidos como carabaíes, chalaes o lucumíes) los que fueron enviados a la región. Igualmente la Compañía del Mar del Sur, perteneciente a los ingleses, desembarcó ilegalmente a miles de africanos procedentes de Jamaica entre 1714 y 1736. Y finalmente, a partir de 1780, llegaron también muchos trabajadores procedentes de Angola y Mozambique.

Últimas rutas de esclavos antes de la abolición.

Tras este pequeño antecedente cronológico, podemos concluír que efectivamente hubo una gran candidad de gentes africanas que llegaron a lo largo de ese extenso período de la esclavitud a los territorios colombianos. Evidentemente todos estos pueblos traían consigo sus costumbres, forma de vida, conocimientos acerca de plantas, medicina tradicional, etc. Ya aparecen descritos en documentos de los inquisidores del siglo XVII los intercambios de plantas que sucedían entre las mujeres africanas que vivían en el Caribe y la región del Chocó.

Muy posiblemente alguno de estos pueblos podrían haber introducido semillas de Cannabis, al igual que hicieron en Brasil los esclavos africanos llevados por los portugueses. Debemos recordar, de hecho, que este país fue uno de los puntos clave en la introducción de la planta en el Nuevo Mundo. Existen referencias históricas de su consumo a partir del siglo XVIII, ya por entonces se observaron a esclavos de origen africano fumando diamba o liamba (la terminología de origen africano para este “tabaco angoleño” o fumo d’angola, junto con otras denominaciones comunes para la marihuana en Brasil como pito do pango o maconha) en la región de Pernambuco. En 1830, se redacta el primer documento de la Cámara Municipal de Rio de Janeiro prohibiendo su uso.

Al igual que en Colombia, los esclavos habían llegado desde las colonias portuguesas (fundamentalmente desde Angola y también Moçambique en menor medida) para trabajar en las minas y las plantaciones de caña de azúcar. Es probable que desde Brasil se hayan podido introducir por el norte del país hacia la vecina Colombia, o también que hayan sido vias de entrada independientes. De hecho, recientemente hemos encontrado relación entre los marcadores genéticos de muestras procedentes de Angola y el Congo con otras procedentes de regiones sudamericanas como Nicaragua o Paraguay, por lo que la presencia de genes ancestrales africanos en el Nuevo Mundo es un hecho.

También existe documentación que recoge como el departamento de agricultura estadounidense financió en tierras colombianas un proyecto de investigación con la planta al rededor de 1930. El gobierno conocía el inmenso potencial médico e industrial del Cannabis y se propuso investigar sus posibles usos. Para ello se importaron semillas, algunas originarias de Borneo al parecer, lugar que compartía un clima y latitud similar con Colombia. Sin embargo en 1937, con la ilegalización de la planta, estos proyectos se cancelaron y se desmanteló todo. Podrían haber permanecido algunas plantas que originasen nuevas poblaciones adaptándose a este otro ecosistema.

Otros testimonios del folclore cannábico hablan de granjeros afganos y pakistanís llevados a las sierras por el viejo colectivo BOEL para enseñar los secretos del hachís (la Brotherhood of Eternal Love fue una organización de traficantes y surferos californianos que se dedicaban a viajar por el mundo en busca del mejor hachís y marihuana durante los años 70).

Era común que los traficantes norteamericanos proporcionasen semillas y asesoramiento en las operaciones de cultivo para posteriormente mover la producción a los Estados Unidos. En el artículo “The Colombian Connection” de la revista TIME, se escribe acerca de como los indios Arahuaco cultivaban en las sierras del Cielo Azul diferentes variedades  e híbridos (como el llamado Blue Sky Blonde) procedentes de semillas importadas desde Tailandia, muchas veces de calidad  y potencia superiores a los habitualmente encontrados en Santa Marta y Colombia.

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Cabecera del artículo sobre la industria colombiana The Colombian Connection en TIME, 1979.

Parece evidente que la clave para entender la llegada del Cannabis al Nuevo Mundo recae en desvelar las fechas y las rutas de las primeras introducciones de la misma, así como su uso. Solamente si llegamos a saber esto podríamos hacernos una idea verídica sobre la historia y rutas seguidas por la planta en regiones como Brasil, México, las islas caribeñas, Panama y por supuesto Colombia.


La bonanza marimbera:

Históricamente Colombia ha sido uno de los mayores y más reconocidos productores de Cannabis a nivel mundial, en la misma categoría que México, Tailandia o Sudáfrica. En el pasado, el principal productor y exportador de cannabis a los Estados Unidos era México. Sin embargo, tras las presiones conjuntas de los gobiernos mexicano y estadounidense por terminar con el tráfico de marihuana y la exportación de su producto estrella al país vecino, la producción se resintió y esto favoreció a que Colombia cobrase protagonismo en el cultivo y exportación de Cannabis de calidad hacia los Estados Unidos, atravesando durante unos pocos años una época dorada conocida como la Bonanza Marimbera.

Entre 1976 y 1985 tuvo lugar este fenómeno que impulsó la economía agraria de todo el país. Mientras que los colombianos se centraban en la producción, la mafia norteamericana se enfocaba más en el tráfico y la logística; controlando las rutas, comerciando al por mayor y manejando las redes de distribución hacia su país. Los norteamericanos colaboraron con los traficantes colombianos para impulsar en negocio y organizaban su transporte en aviones y barcos hacia los Estados Unidos. Esto proporcionó una gran riqueza por ambos lados y unos beneficios anuales que superaban los 2200 millones de dólares, muy por encima de los que reportaba la producción de café cada año. Esto posteriormente sentaría precedente para la consolidación de las mafias de la cocaína en el país, que todavía siguen en boga en la actualidad.

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Gráfico con las rutas de tráfico de marihuana entre Colombia y Estados Unidos durante los 70, procedente del artículo The Colombian Connection (TIME 1979).

Durante la época dorada marimbera, millares de campesinos se ganaban la vida en los plantíos o vigilando la cosecha, tarea por la que recibían hasta 100 mil pesos. Esto llegó incluso a causar una migración interna en los Llanos Orientales. Cientos de americanos llegaban cargados de dinero demandando cantidades ingentes de mercancía y asegurando que comprarían toda la marimba disponible. Se dice que en 1979 la marihuana colombiana suponía el 90% del total consumido en los EEUU (frente al 40% actual). Sin embargo, con la nueva guerra contra las drogas en la que se estaban enfrascando los norteamericanos, el comienzo de producción de marihuana en interior y las dificultades para transportar grandes cantidades y abastecer el mercado, poco a poco llegó el fin de los tiempos de la codiciada marihuana colombiana.

Se dice que el fin fue causado por la alianza del presidente Turbay Ayala con el Departamento de Estado Norteamericano. A raíz de este pacto, la DEA pasó a operar en Colombia y los norteamericanos financiaron numerosas operaciones, redadas, hundieron barcos de traficantes e incluso organizaron fumigaciones de los plantíos con el pesticida conocido como Paraquat (un herbicida altamente tóxico que también sería empleado en las sierras mexicanas o Tailandia por el mismo motivo y con terribles consecuencias). Esto causó la desaparición de la red marimbera y solamente unos pocos, aquellos con más recursos, continuaron con el negocio y pudieron seguir progresando o tal vez pasándose a la coca.

Algunos historiadores sugieren que la expansión del uso psicoactivo del cannabis a nivel doméstico en Colombia data de los tiempos del Canal de Panamá, que separó ambos países en el primer tercio del siglo. Durante estas obras hubo un intercambio muy intenso entre todos los países caribeños y posiblemente también de diferentes mercancías entre las que podría encontrase el Cannabis.


Los ecotipos y landraces colombianas:

Las variedades criollas colombianas son una buena representación de las líneas tropicales de montaña y tienen una gran fama internacional. Eran especialmente codiciadas en Estados Unidos, más incluso que la sinsemilla mexicana de mayor calidad, alcanzando la superior precios de hasta 70-85$/oz (1oz = 28g), solo superados por las mejores jamaicanas o tailandesas y posiblemente debido a su rareza y exotismo. También han servido de base fundamental para crear híbridos modernos que han marcado la historia de las variedades psicoactivas actuales, al igual que ha ocurrido con los cultivares mexicanos o afganos.

Son plantas de crecimiento muy vigoroso y floraciones bien largas debido a la latitud y el fotoperiodo anual originario de Colombia, donde la longitud de los días se mantiene prácticamente constante durante todo el año y las distintas estaciones (apenas varía 15min en torno al Ecuador y hasta cerca de 1h en las partes más alejadas), lo cual ha favorecido que las plantas no tengan prisa por completar su ciclo al terminar el verano y de que se acorten demasiado los días (nunca superan las 13h ni bajan de las 11h). Gracias a este hecho, son plantas que se pueden pasar perfectamente la mitad del año floreciendo y refloreciendo de forma interminable y son otros mecanismos los que favorecen su maduración (falta de nutrientes, espacio del que disponen las raíces, edad, etc).

Las flores son ralas y finas en forma de espigas para que circule bien el aire a través de las inflorescencias, están bien adaptadas por tanto a un clima tan húmedo y cálido como el de Colombia. De otro modo las flores no resistirían ante la fructificación de los hongos, como ocurre con las variedades más productivas o híbridos de flores más compactas en climas lluviosos o demasiado húmedos. Esto es lógico, pues los genes propios de las hashplants del Hindu Kush provienen de climas mucho más áridos y secos, donde no existe peligro de que se deposite la humedad dentro de sus flores más prietas y carnosas.

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Aspecto “flojo” de una flor seca de una línea Punto Rojo colombiana. Un cogollo abierto y ralo permite la circulación del aire entre las inflorescencias. Imagen: CBG.

Las plantas colombianas tienen fama de ser muy psicoactivas, aunque también de efectos pesados y narcóticas en algunos casos. Sin embargo, en muchas ocasiones esto posiblemente se deba a las malas condiciones en las que se secaba, conservaba y exportaba la hierba; llegando con frecuencia a su destino ya deteriorada o en mal estado. Es sabido que la mala conservación, la edad o el secado al sol producen la degradación del THC en CBN, un cannabinoide de efectos más narcóticos y sedantes que el THC. Además del deterioro por la manipulación y transporte descuidados, muchas veces eran secadas al sol para acelerar el proceso y evitar que la cosecha se pudiese comprometer debido a las constantes lluvias.

Las variedades se pueden dividir fundamentalmente en varias familias o grupos. Existe una clara división entre las líneas procedentes de las zonas costeras húmedas de la costa atlántica y cercanas a Panamá (tradicionalmente llamadas lowland) y por otro lado, las líneas rubias o doradas de las zonas montañosas próximas a la Sierra Nevada de Santa Marta (de montaña o highland). A medida que avanzamos por el país hacia el sur, nos encontramos con más montañas en las Cordilleras Oriental, Central y Occidental.

Mapa ilustrado con las principales cadenas montañosas que atraviesan el país.

Antiguamente las variedades de montaña como la Santa Marta Colombian Gold eran bien conocidas por su efecto estimulante, mientras que a las variedades de las regiones húmedas de menor altitud se le atribuían efectos más sedantes y pesados que las de montaña. Algunos testimonios afirman que la mayor elevación favorece a unas mayores concentraciones de cannabinoides en las plantas. Si bien esto todavía no se ha estudiado en profundidad, es posible que sea causado por los efectos de la mayor radiación del sol y de luz UV a esas altitudes.

Poco a poco las principales zonas de producción se han desplazado hacia el sur a lo largo de las distintas cordilleras y el Eje Cafetero, también llamado el Triángulo del Café; una región delimitada entre Caldas, Risaralda, Quindío, el Valle del Cauca, Antioquía y Tolima.

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Cafetales en Colombia. Imagen: Wiki-Commons.

Bogotá, Corinto, Cali o Cauca son también zonas montañosas y bien conocidas en las que todavía se pueden encontrar bastantes plantíos y algunos marimberos tratando de subsistir y obtener ingresos extra gracias al cultivo del Cannabis.

Plantío en una montaña de Cauca. Imagen: Atreyu.

Plantío de bareta en una montaña de la reigón de Cauca, en la Cordillera Oriental. Imagen: Atreyu.

En la actualidad casi todas las variedades colombianas están contaminadas e hibridadas con cultivares modernos introducidos, de forma similar a lo que ha ocurrido en otros productores tradicionales como México o Jamaica. Los traficantes buscan la máxima productividad y no les interesa cultivar variedades tradicionales tan tardías, sino explotar al máximo las cosechas para incrementar sus ganancias por campaña.

Con los híbridos actuales es posible realizar 3 o 4 cosechas por año, las ganancias se multiplican, por tanto se convierte en una razón de peso para abandonar estas criollas de larga floración. Por este preciso motivo, cada vez es más complicado encontrar variedades tradicionales puras o intactas como la legendaria Punto Rojo, Mangobiche, Corinto, Dorada de Santa Marta, Manizales Black, Antioquía, Mona Amarilla, o las conocidas entre los gringos como Wacky Weed, Rainbow Colombian, Colombian Red, etc.

En la actualidad predominan en los plantíos los híbridos modernos, conocidos como “cripi” o “cripa”. Este es también el motivo por el cual el afamado pedigrí colombiano se encuentra muy diluido en una gran mezcla de diferentes líneas, tanto locales como importadas.

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Otro cultivo con plantas de aspecto mucho más compacto. Imagen: CBG.

Algunos campesinos de la región siguen cultivando cannabis a escala doméstica para obtener unos pequeños ingresos a mayores con respecto al cultivo de café o banano, o incluso para su autoconsumo. Normalmente estos campesinos son quienes conservan y cultivan sus propias semillas o aquellas que les gustan, sin embargo, en el pasado eran los narcos los que proporcionaban las semillas, alquilaban los terrenos y gestionaban todo el plantío para su comercialización.


De las rojas, moradas y negras hasta las doradas y rubias:

Como decíamos, la legendaria Santa Marta Colombian Gold y otras líneas doradas o “rubias” como la Mona Amarilla (monas era el nombre que los colombianos daban a las puntas florales de la planta) predominan por las regiones y las montañas al norte del país, en la costa que se encuentra frente a Jamaica y otras islas caribeñas. Desde allí se exportaban a menudo a través del puerto hacia los Estados Unidos.

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Combiana Santa Marta Gold 1972, preservada por el Colectivo Vibes. Imagen: Jahgreenlabel.

Combiana Santa Marta Gold 1972, preservada por el colectivo Vibes. Imagen: Jahgreenlabel.

En la década de los años 70, el término dorado (gold) era sinónimo de calidad superior. El color tostado y la degradación de la clorofila en la planta favorecía a este color que elevaba el estatus de la marihuana a la categoría “oro”. Este color dorado no solamente venía dado por la propias particularidades genéticas de las plantas sino que podría deberse a que comunmente se secaban uno o dos días al sol antes de guardarlas debido a la altísima humedad, para evitar daños por hongos y moho en la cosecha. Con la creciente demanda norteamericana de marihuanas doradas en esos años, los granjeros buscaban esta cualidad para obtener mejores ofertas y precios por su cosecha. Para esto se dice que llegaban a practicar cortes circulares alrededor del tallo de las plantas cuando estaban a punto de ser cosechadas, esto favorecía una muerte repentina de la planta que provocaba ese amarilleo clorótico de las hojas, originando las cotizadas y doradas flores.

Las doradas de Santa Marta fueron posiblemente una de las primeras variedades de la vieja escuela en desaparecer tras la Bonanza Marimbera y las presiones internacionales, en el presente apenas sobrevive a través de algunos híbridos que se han realizado con ella como la Skunk#1.

Generalmente siguen predominando hacia el sur las líneas rojas o negras, variedades que toman colores morados, violáceos o púrpuras que se vuelven casi negros durante la maduración. La renombrada Punto Rojo es una de las líneas rojas americanas más conocidas en todo el mundo, es un ecotipo que también está extendido por Panama, Perú y otras regiones de América del Sur en las que se cultivaban antaño líneas rojas de gran calidad.

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Ejemplar de colorido excepcional, mezcla de genes Punto Rojo y Corinto. Imagen: CBG.

Los americanos la conocen como Colombian Red Hair, por los colores rojizos y anaranjados que adquieren los pistilos de las flores femeninas al dejar de ser fértiles y marchitarse. Aunque debemos tener en cuenta que son denominaciones populares poco rigurosas a la hora de clasificar ecotipos o landraces de una especie, siendo preferido el uso que denomina la región o localidad de donde procede cada una.

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Clásica estructura de espigas en una Punto Rojo bien adaptada a la humedad elevada. Imagen: CBG.

Esta variedad propia de regiones montañosas posiblemente esté emparentada con la también afamada Panama Red (panameña roja) o incluso algunas antiguas rojas mexicanas o caribeñas, es posible que todos estos países compartan líneas o vías de introducción de la planta como hablábamos anteriormente. No obstante, el origen exacto de todas estas líneas rojas americanas todavía sigue siendo un misterio, así como si provenían originariamente de Brasil, el Caribe, México, etc.

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Ejemplar de Panama Red, el parecido con las colombianas salta a la vista. Imagen: Estai.

En general todas estas línes tienen olores diversos aunque muy particulares, que van desde los especiados, balsámicos (pimienta, resinas, maderas) a los afrutados (frutos tropicales, cítricos, etc) debido a sus particulares terpenos. Son además líneas de efectos muy eufóricos y psicoactivos. Las mejores Punto Rojo tienen fama de ser un incluso un poco lisérgicas; produciendo leves distorsiones visuales o auditivas. En ocasiones el efecto sigue un esquema de onda sinusoidal, con bajadas y subidas en su efecto y ataques de hilaridad como muchas otras buenas criollas de Cannabis tropical.

La Mangobiche es otra línea roja muy conocida, bautizada así por sus olores afrutados y ácidos que recuerdan al fruto de mango verde, a frutas tropicales o incluso al melocotón. Mango “biche” es el nombre que le dan los locales al mango verde o poco maduro, que se consume habitualmente con sal y limón en muchos países de la región. Esta fruta tiene un olor muy ácido y perfumado, al que algunas Mangobiches se asemejan en su aroma similar, de ahí su denominación.

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Hojas afiladas de una Mangobiche en crecimiento vegetativo. Imagen: Bushweed.

 

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Mangobiches de gran tamaño ya floreciendo en los bosques australianos. Imágenes: Bushweed.

Junto con la Punto Rojo, es posiblemente una de las variedades más cultivadas y extendidas en las montañas del país. Tiene una floración muy larga también, pero su bouquet afrutado hacen que sea una de las más apreciadas.

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La Mangobiche también presenta un colorido notable en sus flores maduras. Imagen: CBG.

 

Hay otro pequeño grupo diferenciado de cultivares procedentes de regiones más sureñas, en la región de Corinto y el Valle del Cauca, otro municipio con bastante fama por la marihuana de calidad que produce. También se trata de líneas predominantemente rojas, aunque no tan tardías como las Punto Rojo, posiblemente porque se trata de una zona de gran producción donde ha tenido lugar cierta hibridación. Las líneas tradicionales están muy mezcladas y diluidas en una gran cantidad de variedades cuyo origen es difícil de trazar con certeza.


El papel de las colombianas en los híbridos modernos:

Los genes de las criollas colombianas ancestrales están muy presentes en los híbridos y cultivares modernos. Han sido uno de los pilares en el desarrollo de dos de los cultivares más importantes de la historia, fruto de los trabajos de Sam Skunkman y su compañía Sacred Seeds: Haze y Skunk#1.

La Skunk #1 ha sido uno de estos híbridos fundamentales, uno de los primeros y únicos trabajos de fitomejoramiento a gran escala en la historia del Cannabis. Fue llevado a cabo por Sam Skunkman, fundador de Sacred Seeds, Cultivator’s Choice y Hortapharm BV (compañía que proporcionó asesoramiento y material a GW Pharma durante la creación del fármaco Sativex).

Este trabajo comenzó con un primer híbrido inicial de afgana procedente de Mazar-I-Shariff con una Colombia dorada de Santa Marta, al que posteriormente se le añadió la conocida Acapulco Gold, una mexicana legendaria en la época. Fue posiblemente el primer proyecto serio de hibridación y mejora de Cannabis, cuyo objetivo fue crear un cultivar comercial con el aroma y la calidad de efecto de las viejas marihuanas tropicales importadas, a la vez que presentando una maduración más temprana y una buena producción que permitiese cosechar las plantas en California antes de la llegada de las primeras heladas otoñales.

Skunk#1 de Sacred Seeds. Image: RCC.

Ejemplar maduro de Skunk#1, legendario cultivar desarrollado por Sacred Seeds. Image: RCC.

Por otro lado la Haze fue un cultivar legendario quedata de finales de los años 60 en California. Inicialmente y según el propio Sam Skunkman explicó en recientes entrevistas, las primeras Haze de Santa Cruz (tardía o Haze de Año Nuevo) fueron el resultado de hibridar tres líneas colombianas diferentes: una Punto Rojo, una Magenta y una dorada (Colombian Gold). Estos tres parentales daban como resultado una gran cantidad de expresiones fenotípicas que iban desde el magenta (conocido entre ellos como “fenotipo remolacha” y popularizado posteriormente como Purple Haze), a los dorados, verdes y finalmente los azulados (conocidos como “fenotipo plateado”).

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Línea Haze preservada desde los 70 en Reino Unido por Oldtimer1, compartida y preservada posteriormente con Charlie Garcia de CBG. Imagen: Estai.

Todos estos colores de las líneas Haze más intactas recuerdan mucho a las gamas de todas estas colombianas rojas y negras.

Original Haze (Tom Hill) a punto de ser cosechada. Imagen: Jardi.

Original Haze (Tom Hill) que ha pasado del granate oscuro al negro prácticamente. Imagen: Jardi.

Aparte de esas referencias, las variedades colombianas generalmente no son muy comunes ni deseadas debido a la dificultad de su cultivo, su floración interminable y crecimiento desmesurado que dificulta su cultivo exitoso fuera de su latitud de origen. Sin embargo, tienen otras ventajas: se reproducen asexualmente (mediante el clonado) con suma facilidad, no es necesario darles crecimientos largos ni fotoperiodos superiores a 12h y son muy resistentes a la lluvia o incluso el frío debido a su rusticidad. Asimismo, proporcionan efectos muy psicoactivos y experiencias pocas veces encontradas en las variedades e híbridos comerciales más rápidas, proporcionandoexperiencias más activas sin la habitual sensación de pesadez proporcionada por los híbridos post-1980 que incorporan genética de hashplants o líneas del Hindu Kush (Afganas, Pakistanís, Northern Lights, Mazar, Ortega, Maple Leaf, G13, etc).

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Linea Colombiana “Moño Rojo” preservada desde los años 90 durante varias generaciones por Raco, muestra unas hojas muy particulares y flores en pompones.

Estas plantas, como la mayoría de tropicales, muestran su mayor potencial y esplendor bajo en sol. Sin embargo, son perfectamente cultivables bajo luz artificial siempre que tengamos en cuenta sus peculiaridades. Es importante restringir su crecimiento, tanto por encima como por debajo del suelo. Por esto el uso de macetas pequeñas, podas,  el cropping o pinzado de tallos, poda de raíces, las mallas y el atado. Todos estos métodos se han mostrado muy efectivos para restringir el desarrollo de plantas muy vigorosas. Igualmente, para una correcta floración se recomienda un fotoperiodo de como máximo 11h de luz, tratando de imitar el fotoperiodo natural de las regiones ecuatoriales, en donde la longitud del día apenas varía durante todo el año. Por esta razón las plantas no dependen tanto del cambio estacional para florecer y la ventana de la cosecha se amplia mucho respecto a los ecotipos de regiones más templadas.

Para finalizar el artículo, nos gustaría agradecer a los diversos cultivadores colombianos y amigos que nos han cedido sus estupendas imágenes y también a Enrique, gran conocedor de estas variedades, por sus fotos y dedicación al estudio y preservación de las criollas Colombianas durante estos últimos años.

el Cannasseur 2015

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The Cannabis Connection. TIME Magazine. January 29, 1979.

Memoria de la Bonanza Marimbera en Santa Marta. Esperanza Ardila Beltrán et al.

La prehistoria de la marihuana en Colombia. Eduardo Sáenz Rovner.

La saga del negro: presencia africana en Colombia. Nina S. de Friedemann.

Los esclavos del Chocó y su procedencia africana. Germán de Granda.

Palenques de negros en Cartagena de Indias a fines del siglo XVII. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1973. Borrego Plá, María del Carmen.
Demografía histórica de la trata por Cartagena de Indias, 1533-1580: Geografía humana de Colombia. Los afrocolombianos. Maya Restrepo, Luz Adriana.

Narcotráfico en Colombia, dimensiones políticas,  económicas, jurídicas, e  internacionales, Universidad de los Andes, Editorial Ártico, 1989

El Cannasseur

Divulgador, investigador y fotógrafo.

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